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jueves, 3 de julio de 2014

CEREMONIA (Aitor Suárez)


En un rincón del dormitorio el robot doméstico contempla, con su visor de imágenes, lo que sucede. Es el encargado de limpiar la habitación, hacer la cama, despertar a la hora seleccionada a quienes duermen, doblar los pijamas… Está programado para todo eso.

Ahora mismo hay dos personas en la habitación. El robot, aunque está en stand-by, capta con su visor lo que allí ocurre. Esta función le permite activarse si recibe una orden. Aunque de momento ningún humano le manda nada. Están, según parece, muy ocupados entre ellos.

Los dos humanos están en la cama. Uno al otro se pasan sus manos por el cuerpo. Más deprisa, más lento. Tan pronto se frotan como se rascan, o se lamen con la lengua. Se han quitado la ropa. Uno de ellos muerde a otro en la espalda. Son bocados sin fuerza, como si no buscaran hacer daño. Ahora un humano se ha puesto encima de otro. Luego es el otro quien está encima de éste. Siguen succionándose. El pene se erige al contacto con la lengua. Ahora es él quien le lame la vulva. Ella está encima, tiene su pene dentro. Empieza a moverse, primero con suavidad, después más fuerte. Para y se dan la vuelta. El pene se ha salido. Ella vuelve a meterlo. Siguen moviéndose: arriba, abajo, a otro lado, en zigzag… Entre tanto se besan. Él chupa sus pezones y acaricia sus glúteos. De nuevo se revuelcan y restriegan. Varias veces así, en distintas posturas.

Media hora después ambos jadean. El vaivén ha acabado. Sus cuerpos se separan. El pene otra vez flácido. El hombre y la mujer se dan la mano.

El robot los observa: sudorosos, exhaustos, de pronto somnolientos.

Lo que ha visto no es lógico. Derrochan energía, se exponen a contagios, intercambian saliva y otros fluidos… Si para producir más humanos es preciso mezclar genes, hay métodos más eficientes de hacerlo.

El robot los contempla con desdén, con una especie de piedad por su arcaísmo. "Son hijos del instinto, esclavos de la animalidad", colige para sí.

Ellos, los robots, tienen medios asépticos para replicarse: piezas, circuitos, nexos autocopiantes... No han de acudir a ritos pringosos y primitivos como el que acaba de ver.

4 comentarios:

  1. Al leerlo me he puesto cashonda

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  2. El sexo sólo es sucio cuando se hace bien.

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  3. ¿Y lo que esos señores robóts se pierden?

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  4. Aitor, que sorpresa encontrarte por aquí.
    Soy asidua de tu blog y de este, aunque hace mucho tiempo que no lo visitaba y me he llevado una grata sorpresa.
    Si es que el que vale, vale, y si se desborda imaginación, pues a regalarla a manos llenas y nosotr@s a disfrutarlo.

    Te abrazo.

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