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viernes, 31 de mayo de 2013

LAS CARTAS BOCA ARRIBA (Saiz de Marco)


En el hospital le anuncian que le quedan dos meses de vida. De vuelta a casa, se siente triste pero no llora. Piensa que a su muerte quedarán flecos, cabos sueltos. Y una idea le viene a la cabeza: va a escribir varias cartas, mensajes dirigidos a las personas a las que hirió alguna vez. Va a decirles por qué lo hizo: no se trata de justificarse sino de explicarse. Y va a pedirles perdón.

Escribe seis cartas, las mete en seis sobres, les pone seis sellos y, pocos días antes del plazo concedido, las echa en un buzón.

“Ya puedo irme en paz”, se dice.

Pero el plazo vence y él no muere.

Un día, volviendo de la quimioterapia se topa con uno de los destinatarios. Éste se sorprende:

-Pero… creí que… Como en tu carta decías que…

-Pues ya ves, no me he muerto aún. Los médicos me dieron dos meses, pero se ve que se quedaron cortos.

-Oye, pues me alegro. Verás, tu carta me dejó confuso. Aquello que cuentas no tuvo importancia. En realidad lo había olvidado y…

-Te escribí porque necesitaba cerrar aquella herida. Tal vez a ti no te dolía, pero a mí sí.

Siguen hablando. Toman un café. Se cuentan cosas y sonríen mientras charlan.

Nueve meses, diez meses… Doña Muerte, la que tenía que venir, no viene. ¿Se le habrá olvidado la cita?, ¿se le habrá parado el reloj?

Ha pasado un año desde el día de las cartas. Un año suplementario, un año de prórroga. “En todo este tiempo no he tenido motivo para escribir más cartas. A nadie más tengo que pedir perdón”, piensa. A la vez, una pregunta le ronda por la cabeza: si las cartas que escribió pueden ser la razón de que la “cuenta atrás” no se haya cumplido; de que el plazo de caducidad siga estirándose.

Y a pesar del diagnóstico, que sigue en pie, se siente alegre en este aniversario.

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